La retención de membranas fetales, o retención de placenta, se produce cuando una vaca o novilla no expulsa la placenta dentro de las 24 horas posteriores al parto. Esto suele ocurrir entre 3 y 8 horas después del alumbramiento.
La incidencia de retención de placenta en vacas lecheras sanas es bastante alta, y oscila entre el 5 y el 15%, mientras que generalmente es menor en vacas de carne.
Otras ocasiones en las que la incidencia es mayor son después de eventos anormales que provocan un desequilibrio hormonal en la vaca, como los siguientes:
- Abortos
- nacimientos de gemelos
- Distocia
- mortinatos
- Hipocalcemia
- Altas temperaturas ambientales
- La vejez en la vaca
- Parto prematuro del ternero
- Placentitis
- Trastornos nutricionales
- Inducción del parto

Por lo general, es bastante fácil detectar cuándo ocurre esto; se observan membranas degeneradas, descoloridas y fétidas colgando de la vulva de la vaca más de 24 horas después del parto.
Sin embargo, a veces no es tan evidente, ya que las membranas pueden permanecer dentro del útero. En este caso, una secreción maloliente puede ser la señal.
Si bien la retención sin complicaciones de las membranas fetales no es directamente perjudicial para la vaca, sí aumenta el riesgo de que sufra afecciones como metritis, cetosis, mastitis y aborto en futuros embarazos.

Capítulos del artículo
Tratamiento y prevención
Las investigaciones han demostrado que complementar la alimentación del ganado con vitamina E y selenio es beneficioso cuando presentan deficiencia de estos nutrientes.
No se recomienda la extracción manual de las membranas fetales retenidas, ya que existe el riesgo de dañar al animal. Sin embargo, se acepta recortar el exceso de tejido que podría contribuir a una contaminación importante del tracto genital.
Las vacas no tratadas tardan hasta 11 días en expulsar las membranas, por lo que se recomienda el uso de antimicrobianos.

Algunos recomiendan inyectar oxitocina a vacas sanas para estimular la expulsión de la placenta durante el parto.